Euskadi ante el reto de la vivienda: por qué el alquiler estable y profesional es una palanca clave de futuro
La vivienda se ha consolidado como la principal preocupación social en Euskadi. No es una afirmación retórica ni una exageración mediática: es una realidad que atraviesa generaciones, territorios y perfiles socioeconómicos. Jóvenes que retrasan su emancipación, familias que destinan una parte creciente de sus ingresos al alquiler, personas mayores que viven en viviendas sobredimensionadas y propietarios que, pese a tener un activo inmobiliario, dudan a la hora de ponerlo en el mercado.
Este contexto fue el eje central de la jornada organizada por ASVAL en Bilbao bajo el título “Euskadi ante el reto de la vivienda”. Un encuentro que puso sobre la mesa un diagnóstico compartido: el problema de la vivienda no es coyuntural, ni se resolverá únicamente con más construcción o con medidas aisladas. Estamos ante un desafío estructural que exige una mirada de largo plazo, coordinación público-privada y un nuevo enfoque cultural sobre qué es la vivienda y qué papel debe jugar el alquiler.
Desde Vivara compartimos plenamente esta visión. Creemos que la gestión profesional de alquileres en Euskadi, es decir, el alquiler estable y basado en la confianza, es una de las herramientas más eficaces para afrontar el reto habitacional en Euskadi de forma realista, humana y sostenible. Porque cuando el alquiler funciona, funciona para todos.
Índice
Un diagnóstico complejo: la vivienda más allá del precio
Durante años, el debate público sobre vivienda se ha centrado casi exclusivamente en los precios. Sin embargo, como se evidenció en la jornada, el problema es mucho más profundo. El precio es la consecuencia visible de una serie de transformaciones estructurales que afectan directamente al mercado residencial.
El reto demográfico: menos nacimientos, más soledad y nuevos hogares
Euskadi se encuentra entre las regiones más envejecidas de Europa. En apenas medio siglo, la natalidad se ha reducido en torno a un 70 %, y el tamaño medio del hogar ha descendido hasta las 2,4 personas. Hoy, uno de cada tres hogares es unipersonal.
Este cambio silencioso tiene un impacto directo en la vivienda. El parque residencial sigue respondiendo, en gran medida, a un modelo de familia que ya no es mayoritario. Hay menos demanda de grandes viviendas familiares y más necesidad de soluciones adaptadas a personas que viven solas, a modelos de convivencia compartida o a etapas concretas del ciclo vital.
Además, se produce una paradoja cada vez más frecuente: hay más viviendas heredadas que herederos dispuestos o capaces de ocuparlas. Esto obliga a replantear el foco tradicional en la obra nueva y a poner el acento en la gestión, adaptación y rehabilitación del parque existente.
Emergencia climática y parque residencial envejecido
Otro de los grandes vectores del diagnóstico es la emergencia climática. Siete de cada diez viviendas en Euskadi se construyeron antes de 1980, en un contexto normativo y tecnológico muy distinto al actual. Son viviendas con baja eficiencia energética, altos costes de mantenimiento y una elevada dependencia de combustibles fósiles.
Los fenómenos climáticos extremos —olas de calor, lluvias torrenciales, inundaciones— ya no son escenarios hipotéticos. Afectan directamente a la habitabilidad de las viviendas y a la seguridad de barrios enteros. En este contexto, la rehabilitación energética deja de ser una opción para convertirse en una prioridad estratégica.
Rehabilitar no es solo una cuestión ambiental. Tiene implicaciones sociales y económicas muy claras: reduce la factura energética de los hogares, mejora la calidad de vida, revaloriza el patrimonio inmobiliario y hace viable el alquiler a largo plazo. Pero para que la rehabilitación avance al ritmo necesario, es imprescindible que los propietarios cuenten con seguridad, acompañamiento y modelos de gestión que reduzcan la incertidumbre.
La vivienda como infraestructura económica crítica
Uno de los mensajes más relevantes de la jornada fue el papel de la vivienda en la nueva geoeconomía. Hoy, la competencia global por talento e inversión no se libra únicamente en el terreno fiscal o tecnológico. Se libra, cada vez más, en el ámbito residencial.
La vivienda asequible y de calidad se ha convertido en una infraestructura económica crítica, tan relevante como la energía o la conectividad digital. Sin una oferta residencial adecuada, los polos de innovación, los parques tecnológicos y los ecosistemas empresariales pierden atractivo.
Esto obliga a repensar la planificación pública. La política industrial y la política de vivienda no pueden diseñarse de forma independiente. Si una región quiere atraer y retener talento, debe ofrecer soluciones habitacionales flexibles, bien gestionadas y adaptadas a diferentes etapas vitales. Y en ese punto, el alquiler juega un papel esencial.
Reforzar el mercado con una gestión profesional de alquileres en Euskadi
Uno de los consensos más claros del encuentro fue la necesidad de reforzar el mercado del alquiler. No cualquier alquiler, sino un alquiler estable, asequible y con seguridad jurídica tanto para inquilinos como para propietarios.
Movilizar la vivienda vacía: del miedo a la confianza
Una parte significativa del parque residencial no está en el mercado. No porque no exista demanda, sino porque muchos propietarios sienten miedo: miedo al impago, a la ocupación, a los conflictos legales o a la complejidad de la gestión.
Este miedo no es irracional. Responde a experiencias reales y a un marco de inseguridad percibida que desincentiva la puesta en alquiler de muchas viviendas. Señalar al propietario no soluciona el problema. La solución pasa por ofrecer garantías reales, claras y comprensibles.
Programas públicos como Bizigune han sido un primer paso importante, pero no cubren todos los perfiles ni todas las situaciones. Existen viviendas que no encajan en esos programas y que, sin embargo, podrían incorporarse al mercado si contaran con un modelo de gestión profesional y seguro.
Bizigune es un programa del Gobierno Vasco gestionado por Alokabide que moviliza viviendas vacías para ofrecerlas en alquiler protegido a precios asequibles, beneficiando a propietarios que ceden su piso (con garantías de pago, seguro y buen estado) y a personas con recursos limitados que necesitan una vivienda digna. Funciona mediante un contrato de usufructo (normalmente 6 años) donde Alokabide se encarga de alquilar la vivienda a un solicitante inscrito en ETXEBIDE (Servicio Vasco de Vivienda), asegurando ingresos al propietario y un alquiler social al inquilino.
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Seguridad jurídica y gestión profesional: ¿Cómo alquilar una vivienda sin riesgos?
Sin seguridad para el propietario, no hay alquiler estable. Y sin alquiler estable, el sistema habitacional se tensiona aún más. Por eso, reforzar la seguridad jurídica es una condición necesaria para ampliar la oferta.
Esto implica ofrecer garantías frente a impagos, mediación temprana ante conflictos, cobertura legal y una gestión diaria que evite que pequeños problemas se conviertan en grandes conflictos. La profesionalización de la gestión no es un lujo: es un elemento estructural para que el alquiler funcione.
En este punto, el papel de operadores especializados cobra especial relevancia. La gestión profesional permite transformar una relación potencialmente conflictiva en una relación estable, predecible y duradera.
Gobernanza avanzada y decisiones basadas en datos
La complejidad del reto habitacional exige nuevas formas de gobernanza. Euskadi cuenta con más de 250 municipios, cada uno con su propio planeamiento urbanístico. Esta fragmentación ralentiza los procesos, incrementa la incertidumbre y encarece la promoción y la rehabilitación.
Entre las propuestas planteadas destaca la creación de un Consorcio Vasco de la Vivienda, con capacidad para coordinar a las diferentes administraciones, innovar en instrumentos de intervención y movilizar recursos de forma más eficiente. A ello se suma la necesidad de herramientas como un Observatorio Digital de la Vivienda o un Gemelo Digital del parque edificado, que permitan tomar decisiones basadas en datos y no solo en percepciones.
Una gestión más inteligente del parque residencial es clave para priorizar inversiones, identificar oportunidades de rehabilitación y maximizar el impacto social y energético de las políticas públicas.
Comunicación y nuevo contrato habitacional
Más allá de las medidas técnicas, la jornada subrayó la importancia de la comunicación. La vivienda necesita un nuevo relato. No hablamos del “mercado de la sanidad” ni del “mercado de la educación”. Del mismo modo, reducir la vivienda a un mero mercado distorsiona el debate.
La vivienda es un bien común que implica derechos y deberes compartidos. Construir un nuevo contrato habitacional supone reconocer que la iniciativa pública y la privada son necesarias, que existen múltiples soluciones habitacionales y que la corresponsabilidad es clave.
Visibilizar buenas prácticas, explicar con transparencia las políticas y poner el foco en el bienestar y la comunidad ayuda a reforzar la confianza pública y a combatir la percepción de bloqueo o inacción.
El papel del alquiler gestionado profesionalmente
En Vivara creemos que el alquiler puede y debe funcionar mejor. No como un espacio de confrontación, sino como una relación equilibrada y profesional.
La gestión profesional del alquiler permite:
- Ofrecer tranquilidad a los propietarios, asegurando el cobro puntual y reduciendo riesgos.
- Proporcionar a los inquilinos una experiencia clara, estable y con soporte continuo.
- Contribuir a un mercado más transparente, profesional y humano.
Seleccionar los inquilinos más adecuados para cada perfil de propietario, gestionar incidencias de forma proactiva y aportar seguridad jurídica transforma la experiencia del alquiler. Lo convierte en una solución, no en un problema.
Mirar al futuro: menos lío, más tranquilidad
Euskadi tiene por delante un reto mayúsculo, pero también una oportunidad histórica. Activar el parque existente, rehabilitar con criterio, reforzar el alquiler estable y avanzar hacia una gobernanza más inteligente son pasos imprescindibles.
El alquiler profesional no es una solución única ni mágica, pero sí una de las más rápidas, escalables y realistas para ampliar la oferta y mejorar el acceso a la vivienda sin generar nuevas tensiones.
Desde Vivara trabajamos cada día para demostrar que otra forma de alquilar es posible: más segura, más estable y más humana.
Porque la tranquilidad se puede alquilar.
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